VISITA AL MUSEO BALENCIAGA

 “Una mujer no tiene necesidad de ser perfecta ni bella para llevar mis vestidos, el vestido lo hará por ellas”.

Que Balenciaga ha sido y es el mejor modista de español de todos los tiempos, es algo indiscutible. El “Maestro”, el que Coco Chanel consideraba como el verdadero modisto o a quien Dior llamaba el único director de orquesta que sabía dirigir la alta costura, está de aniversario en este año.

En 2017 se cumplen 100 años de la apertura del primer negocio de Balenciaga, en el número 2 de la C/ Vergara de San Sebastián y 80 años de la apertura del taller de París en la Av. George V.

Son varias las exposiciones que se van a llevar a cabo con motivo de esta efeméride en los principales museos de indumentaria del mundo, como por ejemplo el Museo de la Moda de la Villa de París o el Victoria&Albert Museum de Londres, pero es sin duda, la que podemos disfrutar en el Museo Balenciaga de Guetaria, la más llamativa e importante.

Cristóbal Balenciaga, nació en Guetaria en 1895. Siempre sintió predilección por la moda, y fue la Marquesa de Casa Torres, quien se sintió maravillada por las ganas del joven Balenciaga en ser modisto y le encargó su primer traje, lo que le convertitía en el modisto más buscado por la aristocracia y realeza que veraneaba en San Sebastián.

Fue en esta ciudad, tras aprender en grandes casas de costura de la época, donde inauguró su primera tienda en 1917. Su fama haría que abriera otra tienda más, Eisa Costura donde podían encontrarse prendas más asequibles para la incipiente burguesía y tocados que harían historia. Con la llegada de la II República y la guerra civil, Balenciaga se traslada a Paris donde inauguraría su Maison que permanecería abierta hasta 1968, convirtiéndose en el couturier de la época y el genio de la alta costura.

 ¿Qué aportó Balenciaga al mundo de la moda?

Balenciaga fue el primero propiciar un cambio radical en la silueta de la mujer, por eso se le considera “el arquitecto de la moda”.

Fue innovador cuando se dio cuenta de que el negro generaba efectos en la apreciación de la silueta, el corte, el volumen y el movimiento de las prendas, que, combinadas además con sedas, terciopelos, o tafetán lo convertían en un estilo revolucionario.

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Creaba sus prendas sin dibujarlas, de forma casi geométrica, sin apenas cortes y costuras. El propio Dior afirmaba: “Nosotros con los tejidos hacemos lo que podemos... Balenciaga hace lo que quiere”.  

A Balenciaga le debemos la depuración de siluetas y volúmenes, la creación de los abrigos de línea de barril, el vestido globo, la manga japonesa, el vestido túnica o el vestido saco, así como el juego de volúmenes en torso y piernas,

También aportó el uso siempre de tacón bajo y nunca tacón de aguja, y que, de su taller, surgieron “aprendices” de la talla de Paco Rabanne, André Courregès, Emmanuel Ungaro, Givenchy y Óscar de la Renta. Sin Balenciaga, la moda de los 70 y 80, hubiera sido muy diferente.

También le debemos uno de los vestidos de novia más bonitos de la historia: el que confeccionó para Fabiola de Mora y Aragón en su boda con Balduino, rey de los belgas.

En su tienda parisina, no se exhibía ropa: había guantes, perfumes, joyas o bolsos. Y nada más. Para poder verla solo podía ser mediante estricta invitación, así que las actrices de la época volaban desde todo el mundo para vestir sus diseños, como por ejemplo Marlene Dietrich, Audrey Hepburn o Grace Kelly.

 También las socialités de la época como Mona von Bismarck (que en 1963 compró nada menos que 88 vestidos del maestro, abajo en la fotografía de la derecha), Marella Agnelli (abajo con vestido rosa), Helena Rubinstein, Jackie Kennedy o Rachel Mellon, una de las principales clientas de Balenciaga.

Es precisamente, en el Museo Balenciaga de su localidad natal, donde se expone desde el pasado fin de semana una exposición maravillosa, que incluye parte de los 400 vestidos que donó la multimillonaria estadounidense, coleccionista de arte y filántropa Bunny Mellon al propio Museo.

Hasta el próximo 25 de enero de 2018, podremos ver “Collecting Elegance. Rachel Mellon’s Legacy”, comisariada por Hubert de Givenchy y en la que se muestra gran parte de los vestidos de esta clienta que, entre 1956 y 1968 adquirió 660 piezas y desembolsó en el taller de Balenciaga 614.310 dólares, ya que guardó cada una de las facturas y complementos que adquirió durante 12 años.

Nacida como Rachel Lowe Lambert y se casó en segundas nupcias con Paul Mellon, uno de los hombres más ricos del mundo. Conocida como Bunny, fue heredera de una considerable fortuna como nieta del inventor del Listerine e hija del presidente de Gillette. Le gustaba pasar inadvertida (tan sólo concedió dos entrevistas en toda su vida: a Vanity Fair y New York Times) y se dedicó a cultivar sus pasiones: el arte, del que atesoró una importantísima colección, y la jardinería, una actividad que desarrolló de forma autodidacta y en la que destacó por méritos propios, como por ejemplo el jardín de rosas que bordea el Despacho Oval y el ala Oeste de la Casa Blanca por encargo de sus amigos los Kennedy. Dicen que Mellon fue una de las mayores influencias en el estilo Jackie Kennedy.

Precisamente este abrigo de sarga azul marino con tablón de cuatro pliegues en la espalda, que Mellon llevaba el día que acompañó a Jackie Kennedy la casa de Martin Luther King tras visitar a la viuda del líder de los derechos civiles después de su asesinato. es una de las joyas de la exposición.

Más información sobre la exposición: Aqui